Para preservar la integridad de Egipto, el faraón Ramsés II se ve obligado a movilizar sus ejércitos y marchar hacia el norte con el fin de plantar cara a las temibles huestes hititas. La inevitable confrontación armada tendrá lugar en la inexpugnable fortaleza de Kadesh, mientras el soberano lidia en paralelo con la grave enfermedad de su esposa Nefertari.